Retablo de San Juan Bautista
El retablo que preside esta capilla es una obra excepcional del escultor español Juan Martínez Montañés (1568–1649), célebre artista sevillano conocido como “el dios de la madera”. Se trata de un retablo de estilo renacentista, realizado entre los años 1607 y 1628, considerado una de las obras más importantes del arte sacro virreinal en el Perú.
La obra fue enviada desde España a Lima completamente desarmada, en piezas transportadas por vía marítima. Originalmente estuvo destinada a la iglesia del Monasterio de la Concepción, ubicado en la actual avenida Abancay, antes de ser instalada en la Catedral de Lima.
El retablo está conformado por catorce relieves que narran de manera secuencial los principales episodios de la vida de San Juan Bautista, constituyendo una auténtica narración visual de su historia, desde los anuncios de su nacimiento hasta su martirio.
Las primeras escenas corresponden a los episodios iniciales de su vida. Se representa a Zacarías, padre de Juan, recibiendo el anuncio de que será padre a pesar de la avanzada edad de su esposa Isabel. Al dudar del mensaje divino, Zacarías queda mudo. A continuación, se muestra el encuentro entre Isabel y su prima María, quien se sorprende al verla embarazada. Luego se representa el nacimiento de Juan y el momento en que Zacarías escribe el nombre de su hijo en una tabla, instante en el que recupera la voz, confirmando la voluntad de Dios.
En la parte superior del retablo se incluyen dos escenas de especial interés iconográfico. Una de ellas muestra a Jesús y Juan Bautista jugando durante su infancia, un tema poco frecuente en el arte religioso. La otra representa el bautismo de Jesús en el río Jordán, momento fundamental del cristianismo, en el que Juan reconoce públicamente a Cristo como el Mesías.
Las escenas del lado derecho del retablo narran la vida adulta de San Juan Bautista. Se lo presenta como predicador, llamando a la conversión y denunciando los pecados, lo que le genera enemigos, en especial Herodías, esposa del rey Herodes. Según el relato bíblico, Herodías, ofendida por las críticas de Juan, trama un plan junto a su hija Salomé. Durante un banquete, Salomé baila para el rey y, como recompensa, solicita la cabeza de Juan Bautista.
En los relieves inferiores se representa el arresto de Juan, seguido del momento previo a su decapitación, y finalmente la escena en la que Salomé entrega la cabeza del santo en una bandeja a su madre, uno de los episodios más dramáticos de su historia.
En el centro del banco del retablo se desarrolla una representación más amplia de su martirio. Dos ángeles sostienen la corona del martirio y la bandeja con la cabeza decapitada de San Juan Bautista. Los ángeles expresan dolor por su muerte, pero al mismo tiempo lo glorifican como santo, subrayando el sentido de sacrificio y fidelidad a la fe que caracteriza su vida.
Esta escena se complementa con la imagen central de Cristo crucificado, representado con una profunda expresión de serenidad frente al sufrimiento. Esta escultura guarda una notable semejanza con el Cristo de los Cálices de la Catedral de Sevilla, lo que se explica porque ambas obras fueron realizadas por el mismo artista, Juan Martínez Montañés. Se sabe, además, que el escultor envió a Lima dos imágenes de Cristo crucificado: una se conserva en la iglesia de La Merced y la otra forma parte de este retablo, reforzando el valor artístico y devocional del conjunto.
Piezas destacadas de la capilla
Virgen de la Candelaria (o de la Purificación)
Advocación mariana vinculada a la presentación del Niño Jesús en el Templo y a la purificación de la Virgen María, celebrada cada 2 de febrero. Esta imagen se integra armónicamente al discurso devocional de la capilla, resaltando el papel fundamental de María en la historia de la salvación.
Cristo de la Caña
Escultura del siglo XVII, de autor anónimo, con rasgos característicos del arte sevillano. El rostro y las manos están tallados en madera, mientras que el cuerpo está elaborado en maguey, técnica frecuente en la escultura virreinal. La imagen representa a Cristo después de haber sido azotado, cuando los soldados romanos, en tono de burla, le colocan una corona de espinas, un manto púrpura y una caña a modo de cetro, proclamándolo irónicamente “rey de los judíos”. Esta obra invita a la contemplación del sufrimiento, la humillación y la dignidad de Cristo.
La Subida al Calvario
Pintura del siglo XVIII, óleo sobre lienzo, de autoría anónima, probablemente española. Se trata de una copia de una composición del pintor flamenco Pedro Pablo Rubens, grabada en 1632 por Paul Pontius, uno de sus principales colaboradores. La escena muestra a Jesús cargando la cruz camino al Calvario y el encuentro con santa Verónica, quien descubre con asombro que el rostro de Cristo ha quedado impreso en su velo, uno de los episodios más conmovedores de la Pasión.
Nuestra Señora de Montserrat
Pintura de mediados del siglo XVII, de autor anónimo español. La Virgen aparece representada con el Niño Jesús sentado en su regazo, mientras dos ángeles sostienen su corona. A los lados se encuentran san Benito de Nursia y santa Gertrudis, santos vinculados a la Orden Benedictina. Según la tradición, la primera imagen de la Virgen de Montserrat fue hallada por unos niños pastores en una cueva de Montserrat, en Barcelona, en el año 88, lugar donde actualmente se levanta el monasterio benedictino que custodia esta antigua devoción mariana.
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