La Iglesia de Lima dio inicio al Año Jubilar de Santo Toribio de Mogrovejo

15/12/2025
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Con una profunda expresión de fe y comunión eclesial, la Iglesia de Lima dio inicio al Año Jubilar por los 300 años de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, patrono del Episcopado Latinoamericano, marcando así el cierre del Año Jubilar 2025 y abriendo un nuevo tiempo de gracia para el Perú.

Desde tempranas horas, el Pueblo de Dios se congregó en los exteriores de la Iglesia de San Lázaro, desde donde partió una procesión jubilar rumbo a la Catedral de Lima. El recorrido, que atravesó el histórico puente Trujillo, pasó por Desamparados y culminó en la Plaza Mayor, estuvo acompañado por los obispos de la Arquidiócesis, los canónigos del Cabildo Metropolitano, el clero limeño y diversas hermandades, en un gesto que recordó que la fe cristiana se vive “en camino”, en medio de la historia concreta de los pueblos, tal como lo hizo Santo Toribio en su incansable labor pastoral.

Al llegar a la Catedral de Lima, se celebró la Santa Misa del III Domingo de Adviento, presidida por el Cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima y Primado del Perú, en la que se dio inicio oficial al Año Jubilar. Frente a la imagen de Santo Toribio de Mogrovejo, el Cardenal hizo un llamado a reconocer la presencia de Jesús en la historia peruana, una presencia que no se impone por la fuerza ni por el poder, sino que se manifiesta en el servicio, la caridad y la solidaridad vivida.

Durante la homilía, el arzobispo retomó la pregunta de Juan Bautista en el Evangelio proclamado (Mateo 11, 2-11): «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». A partir de esta interpelación, invitó a los fieles a preguntarse si estamos verdaderamente dispuestos a seguir creyendo que al Señor se le encuentra en el corazón de nuestra historia, especialmente del lado de la caridad efectiva, el servicio generoso, la solidaridad y el hermanamiento.

El Cardenal Castillo subrayó que esta forma de reconocer la presencia de Cristo exige superar un individualismo espiritual, que reduce la fe cristiana a la salvación personal, desentendiéndose del hermano y de la realidad que nos rodea. «Jesús nos demuestra que la caridad efectiva es capaz de transformar este mundo en una sociedad de hermanos», afirmó, destacando que cuando la Iglesia acompaña, cuida y sirve, se convierte en signo permanente del amor de Dios en la historia.

En este horizonte, la figura de Santo Toribio de Mogrovejo fue presentada como la de un pastor auténtico, cuya fe cristiana se expresó en el servicio concreto, el trato digno y una espiritualidad profunda que no fue ajena al sufrimiento de su pueblo. Se recordó que, al llegar a tierras marcadas por la enfermedad, la muerte y la dispersión, Toribio comenzó por ver la realidad de cada comunidad, escuchando, organizando y acompañando antes de anunciar el Evangelio. Aprendió las lenguas originarias, defendió con firmeza y delicadeza la dignidad de los indígenas y dejó constancia del maltrato que sufrían, mostrando que el cristianismo no puede reducirse a una apariencia ni a un adorno, sino que debe sostenerse sobre la justicia y el respeto a la persona humana.

El inicio del Año Jubilar fue también una invitación a revisar las formas de ser Iglesia hoy. Inspirados en Santo Toribio, el arzobispo de Lima alentó a superar estructuras cerradas y prácticas individualistas, para caminar hacia una Iglesia donde todos tengan voz y sean escuchados: «Aquí opinamos todos, porque todos somos importantes. Esa es la Iglesia de Toribio; una Iglesia que escucha, acompaña y deja huella en la vida de su pueblo».

De este modo, la Iglesia de Lima inicia el Año Jubilar de Santo Toribio de Mogrovejo como un tiempo de renovación espiritual, conversión pastoral y compromiso con la historia concreta del Perú, reconociendo que Cristo sigue presente cuando la fe se traduce en caridad, servicio y amor fraterno.

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