La sacristía de la Catedral de Lima es considerada el recinto más antiguo, suntuoso y mejor conservado de toda la basílica. Este espacio rectangular, que actualmente sirve como la sede principal del museo catedralicio, es una de las pocas estructuras que perduró intacta tras el terremoto de 1609, conservando la esbelta y sobria prestancia renacentista que el arquitecto Francisco Becerra pretendió imponer en la tercera edificación del templo.
Arquitectura y Diseño
El conjunto arquitectónico destaca por ser la muestra más importante del estilo manierista y renacentista en la Ciudad de los Reyes. Sus muros desnudos terminan en lo alto en una sobria cornisa sobre la que se asienta una elegante bóveda de arista, sustentada sin pilares internos por la luz de los ventanales.
En la actualidad, el espacio se divide en tres salones comunicados internamente:
Antesacristía: El salón de ingreso que conecta con el patio de los naranjos.
Salón Principal: Donde se ubica la famosa cajonería y se custodian las piezas más valiosas del museo.
Sala Capitular: Incorporada tardíamente a la sacristía durante el siglo XVIII, decorada con retratos de los arzobispos de Lima.
La Portada Renacentista
El acceso al salón principal está enmarcado por una portada de cantería de excepcional calidad, labrada por arquitectos versados en los cánones renacentistas, posiblemente el propio Francisco Becerra o Alonso de Arenas. Esta portada consta de dos cuerpos de diferente altura y anchura, donde el marco rectangular de la puerta sobresale respecto a las pilastras, creando una expansión volumétrica llena de ritmo que es inusual en el renacimiento virreinal.
La Gran Cajonería
La pieza artística más emblemática de la sacristía es su monumental cajonería de nogal, destinada a guardar los ornamentos litúrgicos. Su historia artística involucra a los maestros más destacados del siglo XVII:
Juan Martínez de Arrona (1608): Inició la talla del mueble y el friso escultórico de los apóstoles.
Martín Alonso de Mesa (1618): Reformó y perfeccionó las partes más delicadas de las figuras, como los rostros, manos y pies de los apóstoles.
Pedro de Noguera (1631): Sustituyó algunos relieves anteriores por otros con un lenguaje plástico más naturalista y cercano al realismo barroco.
Tesoros y Ornamentación
Además de su valor arquitectónico, la sacristía custodia un tesoro litúrgico invaluable, que incluye custodias de oro y plata, lienzos notables y una colección de indumentaria eclesiástica que abarca desde el siglo XVI al XIX. En su ornamentación destacan también:
Un lavatorio con tres tazas de alabastro tallado y una pileta recubierta de azulejos sevillanos.
Un notable crucifijo tallado por Pedro de Noguera en 1636.
El Retablo de las Reliquias, que contenía un Lignum Crucis colocado en 1649.







