Sala Sepulcro de Don Francisco Pizarro

Sala nº 1 de 23

En esta página · 8 secciones
  1. Francisco Pizarro y la Catedral de Lima
  2. Francisco Pizarro: orígenes y trayectoria
  3. Conflictos entre conquistadores y muerte de Pizarro
  4. Los restos de Francisco Pizarro: traslados y hallazgos
  5. La capilla-sepulcro de Francisco Pizarro
  6. El escudo de armas de Francisco Pizarro
  7. Francisca Pizarro: la descendencia mestiza
  8. Un espacio para la memoria histórica
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Sala

Sala Sepulcro de Don Francisco Pizarro

Nº 1 de 23 del plano del museo

Francisco Pizarro y la Catedral de Lima

La Catedral de Lima conserva las tumbas de dos conquistadores españoles estrechamente vinculados a la fundación de la ciudad: Francisco Pizarro, fundador de Lima, y Nicolás de Ribera “el Viejo”, su primer alcalde. Ambos llegaron a América en busca de riqueza, reconocimiento social y ascenso político, décadas después del primer viaje de Cristóbal Colón en 1492, en un contexto de expansión imperial impulsado por la Corona española.

Este espacio está dedicado a Francisco Pizarro, figura central en la historia de Lima y protagonista del proceso de conquista del Tahuantinsuyo. Su presencia en la Catedral no solo responde a su condición de fundador de la ciudad, sino también a su estrecha relación con los orígenes institucionales y religiosos de la Lima virreinal.

Francisco Pizarro: orígenes y trayectoria

Francisco Pizarro nació en 1478, en Trujillo de Extremadura (España), y murió en 1541, en Lima. Fue hijo ilegítimo de Gonzalo Pizarro, un hidalgo empobrecido, lo que marcó sus primeras décadas de vida con limitadas oportunidades sociales. Antes de viajar a América en 1502, tuvo experiencia militar en Italia, donde entró en contacto con el mundo de las armas y la disciplina castrense, aunque durante muchos años no destacó entre sus contemporáneos.

En 1524, junto a Diego de Almagro y el clérigo Hernando de Luque, inició la empresa de exploración y conquista del territorio que hoy corresponde al Perú. Consciente de la necesidad de legitimidad legal, Pizarro viajó a España y logró firmar la Capitulación de Toledo en 1529, documento que le otorgó títulos, cargos y privilegios, consolidándolo como gobernador y capitán general. Esta decisión generó profundas tensiones con Almagro, quien se sintió relegado en el reparto de beneficios.

A pesar de sus limitaciones educativas, su carácter estratégico, su capacidad de liderazgo y su audacia le permitieron consolidar su poder. En 1531 regresó a Sudamérica acompañado por sus hermanos Hernando y Gonzalo. Supo aprovechar la guerra civil entre los incas Huáscar y Atahualpa, estableciendo alianzas con pueblos indígenas enfrentados al poder cusqueño, lo que facilitó el avance de la conquista española.

En 1535 fundó la ciudad de Lima, destinada a convertirse en la capital del Virreinato del Perú. Desde los primeros años de la ciudad, Pizarro impulsó la organización urbana, política y religiosa, alentando la construcción de los primeros espacios de culto que darían origen a la Catedral.

Conflictos entre conquistadores y muerte de Pizarro

Las disputas entre los conquistadores se intensificaron tras la consolidación del dominio español. La rivalidad entre pizarristas y almagristas culminó en 1538, cuando Hernando Pizarro ordenó la ejecución de Diego de Almagro tras la batalla de las Salinas, hecho que dejó profundas heridas entre sus seguidores.

El resentimiento de los almagristas persistió durante años y desembocó en un acto de venganza. El 26 de junio de 1541, un grupo de ellos irrumpió en el palacio del gobernador en Lima y asesinó a Francisco Pizarro. Las crónicas narran que intentó defenderse hasta el final y que, antes de recibir el golpe mortal, trazó una cruz con su propia sangre, gesto que quedó grabado en la tradición histórica.

Su cuerpo fue ultrajado y enterrado de manera provisional. Posteriormente, Cristóbal Vaca de Castro, enviado por la Corona para pacificar el territorio, procesó y castigó a los responsables del crimen, en un intento por restablecer el orden y la autoridad real.

Los restos de Francisco Pizarro: traslados y hallazgos

En 1544, los restos de Pizarro fueron exhumados y colocados en un osario de madera, trasladado al altar mayor de la Catedral conforme a su testamento. Su hija Francisca Pizarro encargó en 1551 una escultura de la Virgen de la Asunción, hoy conocida como Nuestra Señora de la Evangelización, para coronar el sepulcro de su padre, reforzando el vínculo entre memoria familiar y espacio sagrado.

Durante los siglos siguientes, los restos fueron trasladados en varias ocasiones dentro de la Catedral, pasando por la capilla de la Concepción, la sacristía y la cripta arzobispal. En 1891–1892, con motivo de los homenajes por los 350 años de su muerte, se decidió ubicarlos en un lugar más visible y accesible para los visitantes.

En 1977, investigaciones arqueológicas permitieron identificar y confirmar los restos auténticos de Francisco Pizarro, hallados bajo el altar mayor. Su cráneo fue encontrado dentro de una caja de plomo con la inscripción “Aquí está la cabeza del señor marqués don Francisco Pizarro”. Estos restos son los que actualmente se conservan en la capilla-sepulcro.

La capilla-sepulcro de Francisco Pizarro

La actual capilla-sepulcro fue diseñada por el artista español Manuel Piqueras Cotolí entre 1924 y 1928. Aunque su decoración pertenece al siglo XX, el espacio fue concebido como un relato visual de los principales episodios de la conquista del Perú y de la figura de su fundador.

Los muros están decorados con aproximadamente cuatro millones de mosaicos venecianos elaborados por la fábrica de Amadeo Mantellato, logrando una fusión entre estética moderna y narración histórica.

Elementos principales de la capilla

El sarcófago de mármol alberga un féretro de madera de alerce con los restos auténticos de Pizarro. El muro posterior presenta el escudo de armas del conquistador junto con una alegoría del episodio de la Isla del Gallo, símbolo de la determinación y el liderazgo en momentos críticos de la expedición.

El muro derecho muestra el escudo de la ciudad de Lima, fundada el 18 de enero de 1535, cuyos símbolos remiten a los Reyes Magos y a la monarquía española. El muro frontal está presidido por el mosaico de La Piedad, que introduce una lectura cristiana del sacrificio, el dolor y la muerte.

El espacio se complementa con un cofre que contiene tierra de Trujillo de Extremadura, un facsímil tridimensional de los restos óseos y un busto reconstruido a partir del cráneo, que permite conocer el aspecto físico del conquistador.

Detalle de los mosaicos con la firma de la fábrica: A. Mantellato · Venezia.
Detalle de los mosaicos con la firma de la fábrica: A. Mantellato · Venezia.
Busto reconstruido a partir del cráneo, que permite conocer el aspecto físico del conquistador.
Busto reconstruido a partir del cráneo, que permite conocer el aspecto físico del conquistador.
Facsímil tridimensional de los restos óseos, expuesto en vitrina.
Facsímil tridimensional de los restos óseos, expuesto en vitrina.
El escudo de armas sobre el sarcófago de mármol, que alberga el féretro de madera de alerce.
El escudo de armas sobre el sarcófago de mármol, que alberga el féretro de madera de alerce.

El escudo de armas de Francisco Pizarro

Francisco Pizarro recibió su primer escudo de armas en 1529, tras la firma de la Capitulación de Toledo, y este fue ampliado en 1537 por el emperador Carlos V como reconocimiento a la conquista del Perú y a los servicios prestados a la Corona española. El escudo no solo cumple una función heráldica, sino que actúa como un auténtico relato visual de la conquista y del poder alcanzado por Pizarro.

En la parte superior del escudo se aprecia un yelmo plateado coronado por un león que empuña una espada, símbolo del valor militar, la autoridad y el carácter guerrero del conquistador. Este elemento alude directamente al papel de Pizarro como capitán y gobernador, así como a su legitimación como representante del poder real en los territorios conquistados.

Rodeando el escudo aparecen leones alados encadenados, que representan a los curacas y señores indígenas sometidos durante la conquista. Estas figuras simbolizan tanto la victoria militar como el dominio político sobre las élites indígenas, integrando la idea de sometimiento al orden imperial español.

El escudo se organiza en varios campos o cuadrantes que narran episodios concretos de la conquista. En uno de ellos se representa la toma de Tumbes, primer gran contacto de los españoles con un centro urbano del Imperio inca. En otro se muestra la conquista de Cusco, capital del Tahuantinsuyo, simbolizada por dos leones: uno de ellos sostiene la letra “F”, inicial de Francisco Pizarro, reafirmando su protagonismo en la empresa conquistadora.

Uno de los elementos más significativos es la representación del inca Atahualpa. Aparece encadenado, tanto de manera individual como en una escena central donde se le muestra prisionero entregando cofres de oro, rodeado de otros curacas cautivos. Esta imagen alude al episodio del rescate de Atahualpa y a la captura del soberano inca, considerada por los conquistadores como el punto decisivo que aseguró el control del imperio.

El escudo incluye también referencias al linaje de los Pizarro, integrando símbolos familiares que refuerzan la legitimidad nobiliaria que Francisco Pizarro buscó consolidar a lo largo de su vida, pese a su origen ilegítimo y humilde. De este modo, el escudo no solo celebra la conquista territorial, sino también el ascenso social del conquistador dentro del sistema imperial.

Históricamente, este escudo fue exhibido primero en el altar mayor de la Catedral de Lima y posteriormente colocado sobre el sepulcro de Pizarro. Su presencia en este espacio sagrado refuerza el vínculo entre poder político, conquista militar y legitimación religiosa, convirtiendo a la capilla-sepulcro en un símbolo de la Lima virreinal y de la estrecha relación entre la Iglesia y la autoridad civil durante los primeros años del dominio español.

Francisca Pizarro: la descendencia mestiza

Francisca Pizarro, hija de Francisco Pizarro y de Quispe Sisa (Inés Huaylas), princesa inca e hija de Huayna Cápac, representa uno de los primeros casos de mestizaje en el Perú virreinal. Su vida estuvo marcada por decisiones políticas de la Corona, que buscó controlar los vínculos entre la nobleza indígena y los conquistadores.

En 1549 fue enviada a España, donde se casó en 1552 con su tío Hernando Pizarro. A lo largo de su vida mantuvo una relación constante con la Catedral de Lima, financiando obras y encargos artísticos en memoria de su padre.

Un espacio para la memoria histórica

La capilla-sepulcro de Francisco Pizarro no solo conserva los restos del fundador de Lima, sino que constituye un espacio de reflexión sobre la conquista, el surgimiento de la ciudad y la compleja convivencia de memorias españolas e indígenas que dieron forma al Perú colonial. Su recorrido permite comprender cómo la historia, el arte y la religión se entrelazan en la construcción de la memoria histórica del país.

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